
La columna vertebral está en constante adaptación. Cada día recibe estímulos a través de la postura, el movimiento, el descanso y los hábitos diarios.
Más allá de situaciones puntuales, es el estilo de vida lo que suele marcar la diferencia en cómo funciona la columna a lo largo del tiempo.
La postura en el día a día
Pasamos muchas horas sentados, trabajando con pantallas o utilizando el móvil. Estas posiciones mantenidas pueden generar compensaciones que afectan a la forma en que el cuerpo se organiza.
Pequeños cambios en la forma de sentarse, colocarse frente al ordenador o utilizar el teléfono pueden influir directamente en la columna.
El descanso y la recuperación
Durante el descanso el cuerpo recupera parte del equilibrio que pierde durante el día.
Dormir en una posición adecuada y respetar los tiempos de descanso permite que la columna se relaje y que los tejidos se recuperen.
El movimiento como necesidad
El cuerpo está diseñado para moverse. La falta de movimiento puede hacer que determinadas zonas de la columna trabajen más de lo necesario.
Incorporar movimiento en el día a día ayuda a mantener la flexibilidad y la adaptación de la columna.
Comprender antes de actuar
Cada persona tiene una forma distinta de moverse y adaptarse. Por eso es importante comprender cómo influyen los hábitos en la columna.
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