La ausencia de molestias no siempre cuenta toda la historia. Descubre qué dice la ciencia sobre los cambios de la columna, la postura y la capacidad de adaptación de nuestro cuerpo.
«No me duele nada. Me encuentro bien. ¿Para qué necesito revisar mi columna?».
Es una pregunta que escuchamos con frecuencia. Y tiene toda la lógica: solemos prestar atención a nuestra espalda cuando aparece una molestia, una limitación de movimiento o algún problema que interfiere en nuestras actividades.
Pero ¿pueden existir cambios en nuestra columna aunque no sintamos dolor?
La respuesta es sí. Y la ciencia tiene algo interesante que contarnos.
Nuestro cuerpo se adapta constantemente
Imaginemos a una persona que trabaja ocho horas delante del ordenador, transporta diariamente una mochila pesada y, además, practica ejercicio varias veces por semana.
Se encuentra bien, lleva una vida activa y no siente dolor.
Sin embargo, puede que haya adoptado determinados hábitos posturales, que tenga alguna limitación de movilidad o que realice ciertos movimientos de manera diferente sin haberse dado cuenta.
Nuestro cuerpo posee una extraordinaria capacidad de adaptación. Los músculos, las articulaciones y el sistema nervioso trabajan coordinadamente para responder a las exigencias de cada día.
Muchas de esas adaptaciones son completamente normales. Otras pueden acompañarse de cambios en la movilidad o en la manera de movernos, incluso sin producir molestias.
No sentir dolor no significa necesariamente que todo permanezca igual en nuestro cuerpo.
¿Puede haber cambios en la columna sin sentir dolor? La ciencia responde
Una investigación publicada en 2015 en el American Journal of Neuroradiology analizó 33 estudios con un total de 3.110 personas que no presentaban síntomas.
Los investigadores encontraron cambios degenerativos en los discos intervertebrales de muchas de estas personas.
Los resultados son llamativos:
- A los 20 años: el 37 % presentaba signos de degeneración discal.
- A los 80 años: esa proporción alcanzaba el 96 %.
Y todas estas personas pertenecían a poblaciones estudiadas sin síntomas.
Esto demuestra algo importante: pueden existir cambios estructurales en la columna sin que aparezca dolor.
También es importante comprender que muchos de estos cambios forman parte del envejecimiento natural y no representan necesariamente una enfermedad ni requieren tratamiento.
Lo relevante es que el dolor y los cambios de la columna no siempre van de la mano.
Consultar el estudio científico original
¿Qué ocurre con nuestra postura y nuestra movilidad?
La cabeza adelantada, los hombros caídos o una ligera asimetría corporal no indican, por sí solos, que exista un problema.
No hay una postura perfecta que debamos mantener durante todo el día.
Lo importante es cómo nos movemos y si podemos realizar nuestras actividades con comodidad.
Por ejemplo, merece la pena prestar atención cuando:
- Notamos que nos cuesta girar el cuello hacia un lado.
- Percibimos rigidez frecuente después de trabajar.
- Hemos perdido facilidad para realizar ciertos movimientos.
- Tenemos antecedentes de molestias lumbares o cervicales que reaparecen.
- Observamos cambios persistentes en nuestra movilidad o equilibrio.
Estas situaciones no significan necesariamente que necesitemos un ajuste quiropráctico, pero pueden justificar una valoración individual.
Si aparecen alteraciones nuevas del equilibrio, mareos o dificultades para caminar, es importante consultar con un profesional sanitario para identificar su causa.
¿Por qué puede ser útil revisar nuestra columna antes de tener molestias?
Una valoración quiropráctica puede ser una oportunidad para conocer mejor cómo nos movemos y cómo nuestros hábitos influyen en nuestra actividad cotidiana.
Durante una primera visita podemos revisar antecedentes, observar la movilidad, valorar aspectos musculoesqueléticos y conversar sobre cuestiones como el trabajo sedentario, las cargas que transportamos o nuestra actividad física.
En algunos casos pueden identificarse limitaciones relevantes. En otros, la conclusión puede ser simplemente que no necesitamos ninguna intervención y que conviene mantener buenos hábitos de movimiento.
La finalidad no es encontrar problemas donde no los hay, sino comprender mejor nuestro cuerpo.
¿Y si después de un ajuste no noto ningún cambio?
No todas las personas experimentan una sensación inmediata después de un ajuste quiropráctico.
Algunas perciben diferencias; otras no notan nada especial.
Eso, por sí solo, no demuestra que la intervención haya sido efectiva ni que haya fracasado.
Lo importante es establecer objetivos razonables, valorar los resultados cuando corresponda y comprender que no todas las personas necesitan el mismo tipo de atención.
Una primera visita también sirve para resolver dudas, conocer la quiropráctica y decidir libremente si tiene sentido continuar.
Cuidar tu columna también es conocerla
No esperamos a tener problemas para interesarnos por nuestra alimentación, nuestra actividad física o nuestros hábitos de descanso.
Con la columna y la movilidad podemos adoptar una actitud semejante.
No sentir dolor es una buena noticia. Pero conocer cómo se mueve nuestro cuerpo también puede ayudarnos a cuidarlo mejor.
Y ese conocimiento puede comenzar con algo tan sencillo como una primera valoración.
¿Querés conocer mejor tu columna y tu movilidad?
En Solana Chiropractic, en el centro de Barcelona, podés realizar una primera visita para valorar tu situación, resolver tus dudas y recibir orientación personalizada.
